"Bogotá está transitando de una propuesta ética a una egoísta": Mockus

By 24 septiembre, 2013Noticias

Esa es una de las conclusiones centrales del equipo investigador de Corpovisionarios durante la presentación del Primer Informe Decenal de Cultura Ciudadana Bogotá 2003 – 2013, que tuvo lugar el pasado martes 24 de septiembre en la Universidad de Los Andes y en donde se evaluaron en una línea de tiempo los comportamientos de los habitantes de la capital en diversos campos como seguridad, movilidad, tolerancia, percepción de corrupción, confianza en las instituciones, violencia intrafamiliar y participación ciudadana, entre otros.

Durante su ponencia, el dos veces alcalde de Bogotá y fundador del centro de investigación, aseguró que la encuesta reveló por ejemplo que la confianza en las instituciones resulta sumamente relevante para el buen comportamiento de los ciudadanos, dado que impacta la calidad de los acuerdos entre estos. Es decir, cuando hay desconfianza en lo público, es probable que la calidad de los acuerdos sea menos óptima, dando lugar a pactos que bien podrían validar la ilegalidad. Así, resulta preocupante que entre el grupo de diecinueve instituciones medidas, sean precisamente los funcionarios públicos, el congreso y los políticos los que gozan de la menor confianza de la ciudadanía, con un 10, 9 y 5 por ciento respectivamente. Para Mockus, si hubiera que priorizar en términos de política pública, debería apostarse por recuperar la confianza en estos.

Corpovisionarios recomienda posar la mirada sobre las justificaciones que utilizan los ciudadanos para desobedecer la ley: aunque las justificaciones que históricamente han punteado la encuesta – como la familia y la desobediencia civil – vienen disminuyendo, otras justificaciones que Mockus denomina “prosaicas”  muestran un notorio repunte. Estas son las que tienen que ver con alcanzar objetivos propios, con beneficios económicos, con impunidad – cuando se cree que hay pocas posibilidades de ser castigado – y con la creencia de que los demás lo hacen y no les pasa nada. “Los habitantes de la capital necesitan tener al policía al lado para cumplir la norma. Cuando las leyes no se han interiorizado en una sociedad, es clave trabajar la moral y la cultura de forma paralela a la ley”, explicó Mockus. Crece también el porcentaje de ciudadanos que justifican desobedecer la ley cuando “la religión lo permite” y cuando se trata de “pagar un favor”.

Otro asunto problemático son las justificaciones para el uso de la violencia – el 57% de los ciudadanos la justifica por uno u otro motivo – pues el análisis de los datos evidencia una relación entre esta y la disposición para portar armas. El dato más relevante es que el 50 por ciento de las personas que están de acuerdo con portar armas, están de acuerdo también con usar la violencia cuando se trata de cobrar una deuda. Frente a esto, la recomendación de Corpovisionarios es seguir trabajando en una política sólida de desarme que reduzca el riesgo de homicidio o lesión por arma de fuego en eventuales riñas, que según el informe son 20 veces más letales que un atraco.

Un hallazgo que deja un sabor agridulce es el que tiene que ver con la tolerancia de los y las ciudadanas frente a ciertas poblaciones. En lo que respecta a aquellas que han sido históricamente discriminadas como alcohólicos, homosexuales, enfermos de sida y prostitutas, entre otras, el rechazo cayó de manera importante. Sin embargo, el rechazo a corruptos, narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros también bajó, en treinta y uno, veinticuatro, once y diecinueve puntos porcentuales, respectivamente. “Es como si nos diéramos por vencidos en la lucha”, recalcó Mockus, quien asegura que si bien la ciudad debe trabajar en ser cada vez más tolerante, hay que tener cuidado pues no todo debe ser aceptado y mucho menos las actividades relacionadas con la ilegalidad.

En materia de movilidad, el director de proyectos de la Corporación, Henry Murraín, aseguró que el principal problema quizás radique – contrario a lo que piensa el 80 por ciento ciudadanos –  en nuestros propios comportamientos. Aunque en la encuesta los ciudadanos atribuyen los problemas de movilidad a infraestructura y mala administración, el hecho de que más de la mitad de las muertes estén relacionadas con infracciones a las normas de tránsito llama la atención sobre la urgencia de incorporar el enfoque de cultura ciudadana a las políticas de movilidad para modificar comportamientos problemáticos.  Tales estrategias deberían tener foco en motos, señala Murraín, las cuales estuvieron involucradas en el 30 por ciento de los accidentes de la ciudad en 2012.

Es también pertinente hacer pedagogía sobre el SITP, pues el 40 por ciento de los ciudadanos afirma no usar este servicio porque “no sabe cómo funciona”.  Frente al pico y placa, se identificó que a ciertas horas puede haber hasta un 20 por ciento de vehículos transitando en la calle que deberían estar en casa. Lo anterior podría estar relacionado con una dato de la encuesta que revela que la percepción de falta de regulación de las autoridades aumentó para 2013 con respecto a años anteriores.

Finalmente, la participación ciudadana y el orgullo de los habitantes por la ciudad también bajaron, aunque estos indicadores parecieran mejorar en tanto aumenta el nivel educativo. Uno de los hallazgos más esperanzadores de la encuesta es que se confirma que el nivel estudios atraviesa positivamente ciertos indicadores, como las justificaciones para desobedecer la ley, para usar la violencia, para legitimar el maltrato contra la esposa y contra los hijos, para reparar acuerdos y para confiar más en los demás. Los resultados desagregados del informe corroboran que un trabajo en políticas públicas que privilegien un enfoque de género en algunos campos – seguridad, movilidad y legalidad – y una política integral de educación que abarque hasta el nivel de posgrado, podría marcar la diferencia a la vuelta de unos años en los indicadores de cultura ciudadana en la capital del país.

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