Columna: «Además de que no van a la cárcel… ¿debemos pagarle educación a los guerrilleros?»

By 13 abril, 2015Columnas

Eduardo Gómez, investigador de Corpovisionarios, explica por qué invertir en la educación de los excombatientes es clave para que no reincidan.

La paz está cerca. Esta frase, que pareciera estar escrita en una tabla que carga algún enfermo mental con alucinaciones psicóticas, está a punto de ser realidad. Las negociaciones de La Habana han tenido un desarrollo inesperado para la mayoría de los colombianos, incluso los contradictores más vehementes han dejado de decir que hay que acabar con ellas para empezar a decir cosas como que hay que mantener indefinidamente las conversaciones. Incoherencias aparte, lo cierto es que se avecina un momento verdaderamente difícil para la sociedad colombiana: enfrentar el proceso de desmovilización y reintegración a la vida civil de los combatientes de las FARC. Esperemos que también sean pronto los del ELN y demás grupos que aún están en combate.

La reintegración de estos combatientes incluye la posibilidad de obtener una formación académica completa, incluyendo ingreso a universidades y su posterior titulación profesional. Pero ¿por qué facilitarles a los combatientes estas posibilidades de formación? Aunque para muchos de nosotros sea evidente la respuesta, igual debemos facilitarla para aquellos que todavía piensan que lo que está pasando en La Habana es una rendición incondicional. Aunque fuera una rendición incondicional, estamos hablando de al menos cinco mil personas entrenadas militarmente, cuyas formas de socialización están atravesadas por procesos de imposición de sus razones u opiniones por la fuerza, y así las cosas, la mejor forma de desactivar esas relaciones de fuerza es por medio de la inmersión en un ambiente democrático y académico, en donde la fuerza de la argumentación permite que los inevitables conflictos sean resueltos de manera pacifica.

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