Columna: «El miedo en Transmilenio debe ser superado»

By 30 abril, 2015Columnas

Eduardo Gómez, investigador de Corpovisionarios, explica por qué las estrategias para evitar colados son ineficientes y cómo deberían implementarse.

Ya llevamos varios meses siendo testigos de la imposición de una norma social ilegal y peligrosa: la aceptación de colarse en el sistema de transporte masivo de Bogotá, y quienes no usan Transmilenio, son testigos gracias a los medios.

Y la imposición de esa norma no es algo que haya aparecido de improviso, sin avisarse; es producto del evidente abandono del Distrito a las estrategias de pedagogía necesarias para promover un buen uso del sistema. Abandono que lleva ya varios años y que ha permitido no solo que esos usos indebidos florezcan, sino que sean justificados y tolerados por los usuarios, por los funcionarios del sistema, por la Policía y por los propios funcionarios del Distrito que deberían prevenir esos usos inadecuados. Porque no se trata solamente de las personas que se arriesgan colándose en las estaciones, también tiene que ver con la proliferación de cantantes, mendigos, vendedores y ladrones, entre otros, que elevan la sensación de que en Transmilenio todo vale, de que es un lugar sin orden, de que los buses rojos inevitablemente deben parecerse a casi todo lo público en este país: son de todos y por lo tanto no son de nadie.

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