El comienzo del fin de la guerra o la cuota inicial para la paz

By 27 junio, 2016Columnas, Noticias

Por Eduardo Gómez

“Adiós a la guerra”, “Callaron los fusiles”, “Llego el día: Gobierno y Farc firman el fin del conflicto”; así han titulado varios de los principales medios de comunicación del país la extraordinaria noticia: por fin, después de cuatro años de negociaciones en La Habana, el Gobierno Nacional y las FARC-EP han logrado ponerse de acuerdo sobre el acuerdo para el cese al fuego bilateral y definitivo.

Está es, sin lugar a dudas, una gran noticia; que el grupo subversivo más grande del país y el Gobierno nacional hayan logrado acordar silenciar las armas, habla de la forma responsable y seria como se han construido estos compromisos. Una gran noticia para todos los colombianos, ya que en una buena parte del país la guerra dejará de ser una consideración de la vida cotidiana, tanto de las comunidades y gobiernos locales, como de los esporádicos visitantes que se atrevían a llegar hasta estos lugares azotados por el conflicto armado.

Pero no nos podemos equivocar, este acuerdo entre las FARC-EP y el Gobierno Nacional no es, desafortunadamente, el fin del conflicto armado. Aún es necesario lograr que el ELN se siente a la mesa de negociaciones, acepte que es la hora de confiar que algunos de sus objetivos pueden alcanzarse sin la guerra y que otros deberán transformarse para que puedan ser parte de la vida de los colombianos. También es necesario que se desarmen los otros grupos armados, esos que han sido llamados neo-paramilitares y que han venido asolando con su presencia a muchas comunidades rurales y urbanas del país.

Por eso, el acuerdo que ahora estamos presenciando, así como la firma definitiva entre Gobierno y FARC, es la cuota inicial para la paz. Una gran cuota, no cabe duda, pero desafortunadamente no es la totalidad de lo que necesitamos los colombianos para poder vivir en paz. Aparte de las amenazas armadas de las que acabamos de hablar, también es muy importante una transformación de la Administración pública en los niveles local, regional y nacional; un cambio que permita que los principios de transparencia, eficacia y eficiencia se tomen a esas necesarias pero hoy inoperantes oficinas burocráticas estatales. Un cambio que permita que la cultura de la legalidad reemplace la corrupción administrativa, pensada no sólo en los robos descarados y cotidianos de los que nos dan cuenta las noticias, sino también en la utilización de los puestos y del poder público para el favorecimiento de intereses privados, la mayoría de las veces representados por mafias locales y regionales que han cooptado estas posiciones. Se necesita de una Gestión Pública Admirable, como la que Antanas Mockus implementó en su paso por la Alcaldía de Bogotá.

Y otra amenaza para la paz futura está representada por algunas de las disposiciones culturales que tenemos los ciudadanos colombianos; algunos hallazgos de la Encuesta de Cultura Ciudadana (ECC) de Corpovisionarios[1] nos permite poner en evidencia dichas disposiciones: encontramos por ejemplo que ante la pregunta ¿usted cree que más de la mitad de los ciudadanos son corruptos?, el  55.1% de los encuestados respondieron afirmativamente; frente a la misma pregunta, pero con funcionarios públicos, la respuesta afirmativa crece a un deplorable 87.3%; cuando preguntamos si deberían darle una golpiza a un delincuente cuando es atrapado por los ciudadanos, la respuesta positiva es de 26% Estos resultados, en temas tan diferentes, y observando otros indicadores de la ECC, permiten afirmar que el trabajo que nos queda como sociedad para que la paz sea una realidad, es bastante grande y debe contar con la voluntad de todos los 48 millones de colombianos.

Bienvenido este acuerdo, bienvenidos los combatientes de las FARC-EP a la vida política pacifica y desarmada. Ahora debemos preguntarnos cómo implementaremos la pedagogía para la paz, una pedagogía que permita que la violencia intrafamiliar deje de ser aceptada, que las celebraciones no impliquen muertos y emergencias hospitalarias, que la diversidad cultural y sexual sea celebrada y gozada por todos, entre otros temas importantes. Para la paz tenemos un camino largo y debemos comenzar ya para que todos los ciudadanos colombianos podamos disfrutar de sus beneficios muy pronto. Como nos repite constantemente Antanas Mockus: La vida es sagrada.

[1] Todas las cifras presentadas provienen de la Encuesta de Cultura Ciudadana, son promedios realizados entre el año 2008 y el año 2015 en más de 80 mediciones en todo el país.

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