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julio 2016

Los servidores públicos y la paz

By | Columnas, Noticias

 

Por Eduardo Gómez

El título de esta columna tiene un propósito: recalcar que la función pública (nombre oficial en Colombia de algunos de los puestos de trabajo del Estado) debe ser vista como un servicio que se presta a los ciudadanos. Y en tanto que estos trabajos deben ser vistos como servicios, la actitud y el comportamiento de estos trabajadores (funcionarios públicos) es tan importante como el debido cumplimiento de sus funciones.

 

Cuando hablo de actitud me refiero a la disposición general para adoptar ciertos comportamientos, esta actitud está mediada por las creencias y las expectativas que tiene cada una de las personas que hacen parte de un grupo social. Y estas creencias y expectativas prefiguran y configuran las disposiciones culturales, que son los verdaderos mecanismos que nos permiten escoger ciertos comportamientos en ciertos momentos. En otras palabras, cuando un ciudadano llega a un cubículo de atención del Estado, en el cual encuentra a otro ciudadano que ostenta la dignidad de ser un servidor público se activan, de parte de ambas personas, una serie de disposiciones culturales que se concretan en comportamientos, los cuales permiten que se de una interacción social.

 

Dependiendo de las creencias y expectativas de cada una de las partes, los comportamientos durante la interacción pueden ser pacificas o violentas. En buena medida, que sea violenta o no también depende de una lectura del grupo social al que yo pertenezco: los demás me van a premiar (o no) por comportarme violentamente en esos espacios de interacción con funcionarios públicos. Desafortunadamente, hay grupos sociales en donde ser violento con otras personas (y especialmente con servidores estatales) está bien visto y es premiado con admiración por los amigos y conocidos que me son importantes.

 

En este contexto, también debemos tener en cuenta que las interacciones violentas que involucran servidores públicos son relativamente frecuentes y tienen una gran exposición pública en medios de comunicación. Por ejemplo, aquellas que involucran agentes de policía en medio de problemas callejeros; pero también se ven aquellas en las cuales mueren personas por negligencias atribuidas (con o sin pruebas) a falencias del servicio público, como en las muertes por paseos millonarios, alcantarillas destapadas y otros problemas de este tipo.

 

Y es que para muchos colombianos la confianza en los servidores públicos es problemática; en las encuestas de Cultura Ciudadana[1], realizadas por Corpovisionarios, realizamos la siguiente pregunta: ¿Qué tanta confianza tiene en los funcionarios públicos? La respuesta es desalentadora, el 53,4% de los encuestados dice que poca confianza y 35,2% dice que ninguna. Estas respuestas se pueden complementar con las que salen de la pregunta ¿usted cree que más de la mitad de los funcionarios públicos son corruptos?, en donde el 87,3% de las personas respondieron que si lo creían; también a la pregunta ¿qué tanta confianza tiene en la alcaldía?, el 54,5% de los encuestados dijeron que poca y el 21,5% dijeron que ninguna. Finalmente, a la misma pregunta, pero con la gobernación, el 55,1% dijo que poca y el 23,3 % que ninguna.

 

¿Cómo asegurar la paz con estos problemas de comportamiento y estos niveles de desconfianza en el Estado? Esta pregunta no se responde fácilmente, pero sin lugar a dudas una gran parte de la respuesta va a estar cifrada en las actitudes y comportamientos de los servidores públicos hacía el futuro. El profesor Antanas Mockus ha dicho repetidamente que, en muchos casos, la percepción de corrupción que aparece en las encuestas podría provenir de un castigo de los ciudadanos al mal servicio prestado por algunos funcionarios, mal servicio que se hace concreto y directo en actitudes y comportamientos que impiden que los ciudadanos accedan a los servicios que ofrece el Estado.

 

Un plan de mejoramiento del servicio público para la paz, es una acción que aparece en el horizonte inmediato como una prioridad del Estado; los colombianos deben tener la certidumbre de poder acercarse a las alcaldías, a los policías, a los jueces y a todos los funcionarios públicos para que sus problemas sean arreglados y para poder acceder a la oferta de servicios estatales de manera pronta, eficaz y que en caso de que ese funcionario no sea el encargado, lo va a direccionar y a ayudar para poder acceder a los servicios que está demandando el ciudadano.

 

Para finalizar, está claro que la consolidación de un paz estable y duradera pasa por la confianza en los servidores públicos y en las instituciones; pero también debe pasar por la transformación de nuestras creencias, expectativas, actitudes y comportamientos como miembros activos de nuestras comunidades y como ciudadanos responsables. Buena parte de la pedagogía, que se debe implementar a futuro, debe proponer un compromiso fuerte con generación de empatía, de solidaridad y de corresponsabilidad por parte de todos los ciudadanos colombianos.

[1] Las cifras que se presentan aquí son el promedio ponderado de las encuestas realizadas entre el año 2008 y el año 2015 en las ciudades del país.