Después de la crisis, la Cultura Ciudadana

By 1 junio, 2020Columnas

Decir que el mundo no volverá a ser el mismo parece ya una obviedad. De igual manera, y tal como dice Rifkin, es una necesidad que los habitantes del planeta, en especial los humanos, debamos cambiar nuestra relación con la naturaleza.

Hoy, todas las energías están concentradas en buscar cómo se sale de esta pandemia, de ese Covid 19 del que todavía se conoce muy poco sobre su causalidad y, mucho menos, de sus consecuencias. Se puede asegurar que seguirá con nosotros y que cambiará lo que la humanidad ha sido hasta ahora; aún con el descubrimiento de la esquiva vacuna.

La gente comienza a redescubrir valores como la solidaridad, no solo como algo deseable moralmente, sino como indispensable para la subsistencia de la especie. De esa solidaridad se desprende la necesidad de la autoprotección, el cuidado del otro y de la naturaleza. Lo que en cultura ciudadana se ha considerado tan importante, respeto a la ley y a las normas de la cultura, ahora requiere incorporar un elemento adicional, respeto a la ciencia y a sus recomendaciones. En todo este escenario es fundamental devolverle a la ciencia el rol tan importante que le corresponde en el desarrollo del ecosistema universal y eso, naturalmente, incluye al ser humano que por mucho tiempo desatendió ese llamado.

Además de todos los graves problemas que se avecinan en lo económico y en lo social, se está ante el desafío de cómo comportarse como individuos que forman parte de una comunidad particular y de un colectivo universal. Cómo ser ciudadano local y cosmopolita, sin creer que la globalización es encontrar productos chinos más baratos que los locales (ver). Es una crisis que se expresa en la realidad cotidiana, pero como una amenaza de carácter planetario.  ¡Casi el 80 por ciento del mundo se encuentra en confinamiento obligatorio, quién lo hubiera imaginado!

Ahora, la realidad del día a día, permite entender que un virus transforme la existencia del planeta. Eso para la vida de todos debe generar importantes reflexiones, es decir, saldos pedagógicos. En estos momentos, cobra especial importancia poner en práctica eso de autocuidarnos para con eso cuidar a los demás.

Es claro, además, que tarde o temprano se tendrá que volver a salir, a intercambiar y a establecer tal vez una renovada cotidianeidad con otras reglas, pero no podrá el mundo entero permanecer en el confinamiento. Y a esta nueva normalidad se ha de incorporar como nunca antes, elementos científicos en el quehacer cotidiano. Todo quiebre estructural, y este virus es fundamentalmente una transformación de la sociedad, trae consigo alternativas y nuevas ideas que podrán ser implementadas e institucionalizadas (ver). Por ello, esta crisis es un momento oportuno, para ser capaces de crear normas y reglas socio-culturales, que permitan discutir y resolver nuestras diferencias y contradicciones, sin acudir a la violencia y al irrespeto entre los humanos, ni de estos con otras comunidades del planeta.

Esto también llevará a una transformación de las reglas y su acatamiento. Se trata de la protección de la vida. Lo realmente importante es, cómo lograr que cada individuo entienda que de su debido autocuidado es responsable no sólo él o su familia que intentará proteger de manera instintiva, sino que responde por un colectivo más amplio.  Pero que a su vez, actuar bajo este lente, retornará en mejor protección de dicho individuo y de su entorno. Es por eso que es impensable una solución que no integre la cadena de la vida. De eso se trata la Cultura Ciudadana.

De igual manera, se requiere una transformación de la representación de lo que se piensa de los otros. Pensar la otredad y la alteridad (ver). Hay desafíos enormes por atender y se requiere de un trabajo mancomunado y orgánico de empresarios, gobiernos, sociedad civil, expertos en salud pública, médicos, familias, toda la sociedad, en fin. Para ello la confianza es fundamental. No se puede concebir la    sociedad según el prejuicio tan común y torpe de “buenos y malos”.  Una concepción así, no conduce a ningún puerto. Generalizar, polarizar y obrar con prejuicio quita capacidad para enfrentar la colosal tarea.

Finalmente, el llamado a tomar decisiones que aun cuando nos afecten, sean las deseables para el momento de la crisis. Cuánta presión sobre la sociedad para que cumpla las reglas y cuánta mutua regulación para que dicha presión sea más suave, dependerá de todos, en nuestra capacidad de persuasión de los otros. Y esto será desde lo global hasta la comuna y el barrio, pasando de lo institucional a lo social. Es necesario, aunque parezca cliché, remar todos para el mismo lado o el virus terminará por volver esta pandemia, con todos sus males, una desgracia generalizada, en lugar de ser una oportunidad, tal vez única, para toda la humanidad. Así de complejo es el escenario. De ese tamaño es la tarea. ¡Echemos mano de la Cultura Ciudadana, está a nuestro alcance!

Viviana Barberena
Directora Ejecutiva de Corpovisionarios

 

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