Los resultados de las seis mediciones de cultura ciudadana que se han realizado en la ciudad de Medellín desde 2007 hasta la fecha ponen en evidencia que la cultura no es lineal ni estática y que los cambios comportamentales y actitudinales requieren de un trabajo sistemático de Cultura Ciudadana para que sean sostenidos en el tiempo.

Es importante resaltar el enorme compromiso de la administración, específicamente de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín y de la Subsecretaría de Ciudadanía Cultural, en la realización bianual de la actualización de indicadores de Cultura Ciudadana en la capital antioqueña. Esto le ha permitido a la administración contar con información actualizada y precisa sobre avances, debilidades y oportunidades para la toma de decisiones en materia de política pública y de estrategias orientadas al cambio comportamental y al mejoramiento de la convivencia y la calidad de vida de los habitantes de la ciudad.

A partir de los resultados de los últimos diez años, es posible identificar avances y retrocesos en materia de Cultura Ciudadana. En el presente año, vemos que continúan mejorando algunos indicadores. Disminuye la validación de la violencia hacia la mujer y hacia los menores, así como el acuerdo con la justicia por mano propia y algunas justificaciones para el uso de la violencia. A pesar de que la tolerancia hacia grupos que representan el pluralismo y la diversidad desmejoró en algunos casos, vale la pena resaltar la tendencia al aumento de la intolerancia hacia grupos
al margen de la ley como narcotraficantes y personas reconocidas como corruptas. Observamos también que algunas tendencias negativas de años anteriores se mantienen tales como los bajos niveles de confianza institucional, bajos niveles de confianza interpersonal y validación del porte de armas. Asimismo, se observa una caída en la participación ciudadana.

No obstante, a pesar de algunas variaciones en los indicadores de Cultura Ciudadana que han ocurrido en estos diez años en Medellín, algunos aspectos positivos han sido más o menos constantes: el alto orgullo de los medellinenses por su ciudad, una mejor calificación de seguridad que el promedio de las ciudades medidas, una victimización directa e indirecta menor que en otras ciudades, mejores indicadores de tolerancia y alta disposición a hacer acuerdos.

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